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Advierten que en América latina no siguen recomendación sobre muerte súbita

Una reciente investigación reveló que la mayoría de los hospitales de América latina no cumple con las recomendaciones de los expertos sobre la forma más conveniente para hacer dormir a los bebés, posturas de las que puede depender la vida de los menores.
 
 
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Hipocondríacos
Enfermos imaginarios

Por Mary Duenwald - De The New York Times
Traducción: María Elena Rey
NUEVA YORK.- Todos los médicos los reconocen.
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El hombre que descubre una contusión en su muslo y se convence de que es leucemia. La mujer que examina sus senos con tanta frecuencia que se vuelven sensibles y luego decide que la inflamación significa que tiene cáncer. El hombre que ha sufrido de acidez toda su vida, pero que luego de leer sobre cáncer de esófago no tiene dudas de que él lo sufre. Realizan visitas frecuentes a los médicos, solicitan tests innecesarios y pueden volver locos a sus amigos y familiares, ni que hablar a sus médicos, con una aparentemente interminable búsqueda de reaseguros. Según algunas estimaciones, podrían ser los responsables, hasta en un 20%, de los asombrosos costos anuales en salud.
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Sin embargo, tratar la hipocondría, desorden que aflige a uno de cada veinte norteamericanos que visitan al médico, ha sido uno de los más duros rompecabezas de la medicina. Donde el paciente ve una enfermedad física el doctor ve un problema psicológico y la frustración reina en ambas partes, en el consultorio médico.
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Recientemente, sin embargo, ha habido un quiebre en este tema. Nuevas estrategias de tratamiento están ofreciendo la primera esperanza desde que los antiguos griegos reconocieron la enfermedad como hipocondría, hace 24 siglos. La terapia cognitiva, informaron los investigadores la semana pasada, ayuda a los pacientes hipocondríacos a evaluar y cambiar sus pensamientos distorsionados sobre la enfermedad. Luego de seis sesiones de terapia de 90 minutos, el estudio encontró que el 55% de los 102 participantes estaba en mejores condiciones de realizar mandados, conducir e involucrarse en actividades sociales.
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Los medicamentos antidepresivos, según otros estudios, también demuestran ser efectivos.
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"Hay esperanzas de que con tratamientos efectivos un diagnóstico de hipocondría será más aceptable y no un tema que cause gracia o vergüenza", afirmó el doctor Arthur J. Barsky, director de investigación psiquiátrica de Brigham y del hospital de mujeres de Boston y principal autor del estudio de terapia cognitiva que apareció el 24 de marzo en un número de The Journal of the American Medical Association.
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Casi todos tenemos síntomas físicos inexplicables de tanto en tanto, y mucha gente experimenta un momento de preocupación por alguna erupción rara, bultos o dolores que puedan ser signos de un problema real. Pero un diagnóstico oficial de hipocondría, según la Asociación Psiquiátrica norteamericana, está reservado para los pacientes cuyos temores de tener una enfermedad grave persisten por lo menos durante seis meses y continúan aun después de que los médicos les aseguran que están sanos.
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En pacientes con hipocondría, afirman los expertos, los malestares comunes parecen registrarse más intensamente que en otras personas.
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La obsesión por la salud
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"El sistema nervioso de la persona es como una radio cuyo volumen está sintonizado tan alto que se vuelve intolerable", aseguró el doctor Barsky. Los investigadores han encontrado que la hipocondría, que afecta a hombres y mujeres por igual, parece desarrollarse en gente que tiene ciertos rasgos de personalidad. El neurótico, el autocrítico, el introvertido y el narcisista parecen particularmente inclinados a los temores hipocondríacos, según el doctor Michael Hollifield, profesor adjunto de psiquiatría de la Universidad de Nuevo México.
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Dos tercios de los hipocondríacos también tienen otros desórdenes psiquiátricos. Hay estudios que sugieren que el 40 por ciento sufre de depresiones profundas, del 10 al 20 por ciento tiene desórdenes de pánico y entre el 5 y el 10% desórdenes obsesivo-compulsivos, y algunos también ansiedad.
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El temor a la enfermedad puede tener varios grados de intensidad. La hipocondría puede ser leve, un débil ruido de fondo o tan intensa que ahoga todo otro pensamiento.
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"Puede ser difícil dormir o pensar en cualquier otra cosa que no sean sus temores hipocondríacos", manifestó el doctor Brian Fallon, profesor adjunto de clínica psiquiátrica de Columbia.
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En algunos casos, los pacientes se vuelven tan temerosos sobre sus enfermedades imaginarias que empeoran los síntomas.
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"Un dolor de cabeza que se cree se debe a un tumor cerebral es mucho peor que otro que se debe a cansancio ocular", aseguró Barsky.
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Para el hipocondríaco, una simple preocupación a menudo se convierte en pánico, que luego lleva a más síntomas.
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"Debido a que los pacientes están ansiosos, su corazón comienza a latir rápidamente y terminan mareándose", dijo el doctor Jonathan S. Abramiwitz, psicólogo clínico de la Clínica Mayo de Rochester, Minnesotta, que trata pacientes con hipocondría.
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Los nuevos síntomas causan más ansiedad, y así el ciclo continúa. En los casos más extremos, los pacientes pueden preocuparse hasta tal punto que tienen conductas equivocadas o quedan totalmente bloqueados por el miedo.
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Sin embargo, la hipocondría habitualmente no lleva a pensamientos suicidas, afirmó el doctor R. Lipsitt, profesor de psiquiatría de Harvard, aunque más no sea porque la gente que teme la enfermedad también teme a la muerte. "Esta gente tiene la tendencia a vivir una vida muy sana", agregó. "Se cuidan, se contienen a sí mismos, en cierto sentido."
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La hipocondría tiene una historia interesante. En el siglo XVIII, Boswell escribió una columna semanal en una revista en la que describía su obsesión con su salud personal. En el siglo XIX, Darwin se preocupaba por sus inexplicables palpitaciones, cansancio y temblor en sus dedos, que aparecían cuando discutía sobre su nueva teoría de la evolución. Proust cuidaba tanto su salud que se envolvía con muchas mantas y abrigos.
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Los antiguos griegos utilizaron la palabra hipocondría para describir los síntomas de malestar digestivo combinados con melancolía que creían que provenían del bazo y otros órganos del hipocondrio, región situada bajo la caja torácica. Se pensaba que el desorden les ocurría sólo a los hombres. Los síntomas inexplicables en las mujeres se atribuían a la histeria, mala ubicación del útero.
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Esta visión prevaleció durante 2000 años hasta que los médicos del siglo XVII advirtieron que probablemente los temores hipocondríacos podrían originarse en el cerebro y no en el cuerpo.
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Sin embargo, los médicos podían ofrecer poco en cuanto al tratamiento, más allá de las tradicionales estrategias de sangrado, sudado e inducción al vómito.


Fuente: Diario "La Nación", Argentina

Abril 19 de 2004
 
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